Micro-Relatos 3: Artículo de Charles Adbrook

por | 04/04/2018

Relato creado por @Tsareensword 

Soy Charles Adbrook, paleontólogo. Trabajo en el laboratorio privado que hay en el museo de ciudad Plateada y estudio muchos de los fósiles que nos llegan. En este caso, escribo este documento sobre el último ejemplar que me llegó y que nada más verlo, me llenó de curiosidad.

El fósil en cuestión era de un Cloyster, perfectamente conservado. La datación por carbono catorce indicó que este Pokémon llevaba muerto más de diez mil años. El ejemplar presentaba pequeñas marcas en las conchas, más oscuras que el resto de la tonalidad que presentaba la concha y parecidas a quemaduras. Dado que los Cloyster suelen vivir en un ambiente acuático y una quemadura ígnea no supondría casi ningún problema, pude deducir fácilmente que las marcas se debían a una enorme descarga que impactó contra su concha. Es muy probable que el pobre Pokémon se estuviera defendiendo de un depredador. ¿Pero cuál?

Mi primera duda, la referente a la muerte del animal, estaba resuelta, pero aún me quedaba saber quién era el asesino. Desde luego debía de ser un Pokémon eléctrico o con ataques de dicho tipo y extremadamente poderoso para realizar tal daño en una concha tan dura y resistente como la de un Cloyster.

Pregunté la procedencia del fósil y me dijeron que procedía de una pequeña cueva submarina muy cerca a la línea de costa de ciudad Celeste. Dado que aún no se había empezado a inspeccionar la zona para la búsqueda de otros posibles fósiles, no me quedó más remedio que resignarme: no iba a encontrar respuestas sobre el depredador o atacante de aquel Cloyster durante un largo periodo.

Sin embargo, había un pequeño detalle en el fósil que me intrigó bastante. Cerca del caparazón se encontraba una pequeñísima zona de lo que había sido arena en el pasado, tintada de un color violeta muy oscuro, casi negro. ¿Qué habría tintado de aquella forma la antigua arena? Era la primera vez que encontraba una tinción tan extraña en un fósil.

Mientras analizaban ese trozo en el laboratorio, investigué sobre la cueva en cuestión. Había una pequeña laguna, formada por el mar cercano que era la que la alimentaba. La persona que lo encontró aseguró que se lo encontró sumergido en esta, concretamente semienterrado entre la arena más reciente, lo que junto a las ondulaciones de la roca presentes en el ejemplar indicaban que la laguna era mucho menos profunda hace diez mil años.

Cuando por fin me mandaron los resultados de la arena fósil, me llevé una grata sorpresa: la tinción fue provocada por la presencia de un agente tóxico, posiblemente gaseoso, en el ambiente de la cueva. También hallaron ADN de un Pokémon , distinto al de Cloyster, en esa tinción. ¿Tendría algo que ver con el asesino que estaba buscando?

Dado que desde la erupción del volcán de isla Canela disponemos de un laboratorio para resucitar fósiles, pedí que se reviviera al Pokémon cuyo ADN se encontraba en la tinción. Cuál fue mi sorpresa cuando todos vimos que el Pokémon en cuestión no era otro que un simple Gastly. ¡Un Gastly! ¿Qué diablos tenía que ver ese Pokémon con un Cloyster? Con esta duda, decidí quedarme con el Gastly. Quien sabía, tal vez me sirviera de algo tenerlo como compañero.

El nuevo misterio me obligó a llamar a un viejo colega mío, Teak Endswood, para documentarme sobre los Gastly. La charla no solo me dio la información que quería conocer, sino que además llegué a deducir a un posible sospechoso de aquel asesinato: un Gengar.

Como es bien sabido, los Gastlys suelen ir acompañados de sus evoluciones, por lo que no sería de extrañar que este Pokémon estuviera presente junto al otro Gastly. Además, un Gastly no sería capaz de generar una descarga tan poderosa como para haberle hecho eso a la concha de un Cloyster.

Nuevas incógnitas rondaron mi cabeza. ¿Por qué el Gastly se había acercado tanto al cadáver? Estos Pokémon levitan y en caso de que aquel Cloyster se hubiera defendido, estar en el aire le proporcionaba mayor ventaja que estar en tierra, por lo que debió de acercarse una vez el Pokémon murió. Eso también me produjo serias dudas, ya que no se sabe de qué se alimenta exactamente un Gastly. Estudié el fósil con más detenimiento para intentar averiguar alguna pista más y después de un buen rato, se me encendió la bombilla al mirar los restos degradados de la perla que tenía el Cloyster dentro de su concha y que apenas se dejaba ver entre las dos valvas rellenas de arena fósil. ¿Podía ser posible? No tardé en buscar fotos de especímenes de Cloyster y observar al pequeño Gastly que había revivido y adoptado fijamente. Era la solución más simple y la que más sentido podía tener: el Gastly que había dejado aquella tinción no era un Pokémon que intentara atacar al Cloyster u observarlo por curiosidad, sino un Pokémon que había salido del propio Cloyster.

¿Cómo era posible esto? Sin duda alguna, era un descubrimiento súper importante de llegar a ser cierto. Habían teorías de muchos expertos que afirmaban una posible relación entre estas dos especies, pero no habían pruebas concluyentes de ello… hasta ese momento.

Para encontrar mayores pruebas para proporcionar algo más de solidez a mi alocada teoría, necesitaba encontrar algún hábitat en el que ambas especies pudieran convivir, tanto en el presente como en un pasado no muy lejano, comprendido en el periodo de la muerte del Cloyster y la actualidad. Sin embargo, mi investigación exhaustiva no me dio ningún resultado positivo. Hasta que lo pensé detenidamente. ¿Realmente necesitaba que los Cloyster estuvieran vivos en dicho hábitat? Fue entonces cuando encontré la pista definitiva que me llevó a hacer un viaje exprés a pueblo Lavanda. Necesitaba entrar a la torre Pokémon e investigar.

Antes de adentrarme, me acompañó un entrenador bastante fuerte al que contraté por unos pokédolares. Revisé todas las tumbas sin dejarme ni una y mi teoría alcanzó mayor solidez. En total, encontramos nada más y nada menos que cuarenta y siete tumbas de Cloyster. Suficientes para crear la colonia de Gastlys, Haunters y Gengars que allí se encontraban.

Por lo tanto, las conclusiones a las que llegué fueron las siguientes:

– El Cloyster del fósil murió debido a las graves heridas provocadas por un potentísimo ataque eléctrico.

– El atacante, o bien era de tipo eléctrico o bien un Pokémon que conociera ataques de tipo eléctrico muy potentes.

– La tinción fue provocada por un Gastly, quien hipotéticamente salió del interior de la concha del Cloyster. Lo que nos lleva a la teoría de que los Cloyster al morir dejan como descendiente a un Gastly.

– Dadas las pruebas sobre la presencia del Gastly, el asesino del Cloyster del fósil podría haber sido un Gengar, ya que aunque los Gastlys pueden usar ataques eléctricos, no son capaces de generar una carga tan potente como para haber podido hacerle eso al caparazón de un Cloyster. Además de que este comportamiento no es raro, ya que los Gastlys suelen verse junto a sus evoluciones en muchas ocasiones.

– Y por último, pero no menos importante: la posible aparición de la colonia de Gastlys, Haunters y Gengars de la torre Lavanda se deba a que allí fueron enterrados varios Cloysters, aunque sería necesaria una mayor investigación.

Antes de finalizar, tengo que aclarar una cosa: esto es una hipótesis, con pruebas empíricas, sí, pero hipótesis al fin y al cabo. La cueva donde se encontró este fósil apenas ha sido explorada y es posible que pueda desvelarnos más datos sobre la relación entre los Cloyster y los Gastly. Aún queda mucho por aprender, pero es posible que hayamos dado con un hito en la historia de la paleontología: los Gastly podrían ser descendientes de los Cloyster. Pero, ¿por qué desarrollarían los Cloyster esta peculiaridad de crear otro Pokémon al morir? ¿Fue un Gengar quien mató a ese Cloyster o el asesino fue otro?  Y lo más importante: ¿Pudo ser este hipotético atacante o depredador el causante de que evolucionaran los Cloysters para llevar a cabo dicha creación de Gastlys al morir? Los secretos del mundo Pokémon son enigmáticos y misteriosos, y es posible que esa cueva marina cercana a ciudad Celeste nos aporte más pruebas de este hecho en un futuro no muy lejano. Se despide cordialmente, Charles Adbrook.

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